Supongamos que nos sentamos ante el TV de plasma última generación que nos ha costado un riñón y un par de costillas. Supongamos que nos ponemos la serie de turno que nos ha pasado un amigo del curro. Vemos la pantalla de puntos grises, blancos y negros con el sonido típico de TV prehistórica, sello de identidad de la cadena HBO. Supongamos que en la primera toma vemos la cámara descender lentamente por una librería seria, de madera oscura, repleta de libros y códigos, hasta que se detiene en una figura sentada frente a su escritorio. En Pie, enfrente de él, un hombre y una mujer atienden concentrados las palabras de su interlocutor.
Esta podría ser la primera escena del primer capítulo de la tercera temporada del Ministerio del Tiempo, y a nadie nos sorprendería que la emitiera una cadena como la HBO o Netflix.
Y ¿Por qué me meto yo sola en este lío? Por varias razones, que paso a desmenuzar:
La joven que fui, hace veinte años, ya apuntaba maneras de drogadicta de series: recuerdo que tenía que esperar una semana con sus días y noches, con esos Lunes eternos, hasta la 01:30 de la mañana, pese a que al día siguiente tenía que madrugar para ir al Instituto, para ver el último capítulo de una de las mejores series de médicos de todos los tiempos, “ER”, en España “Urgencias”. Fue una de esas series que te ponía los pelos de punta, científicamente era casi perfecta, tenía unos giros de guión que te dejaban con la boca abierta y absorta por un par de días, y por si ha quedado olvidado, catapultó a George Clooney al olimpo en el que habita en la actualidad. Pongo este ejemplo porque fue una serie absolutamente maltratada por RTVE por la escasa audiencia que tenía cada capítulo, y sin embargo, para mi gusto, fue una serie que rompió esquemas, convirtiéndose en una serie de culto que marcó un antes y un después.
Vi la serie del Ministerio del tiempo a destiempo, valga la redundancia. La vi a la carta, modalidad online que ofrece acertadamente RTVE. La vi en dos patadas, riéndome a altas horas de la noche, teniendo que madrugar para ir a trabajar, igualito que con “ER”. A los quince minutos del primer capítulo “El tiempo es el que es” ya me había enamorado, hasta las trancas, como se suele decir. Normalmente doy a las series un margen de tres episodios para conquistarme y al MdT le bastaron 15 minutos. Este primer capítulo, “el tiempo es que el que es”, lo firmó Pablo Olivares, según ha desvelado su hermano Javier, que escribió la escaleta lidiando con una de las peores pesadillas del ser humano: La ELA. Me resulta asombroso, como repito hasta la saciedad siempre que hablo o recuerdo este tema, que una persona en unas circunstancias como las de Pablo Olivares en ese momento, escribiera y reuniera en poco más de una hora, semejante derroche de ingenio, humor, tensión dramática, aventura y sellara de esa forma magistral el comienzo de una de las mejores series del panorama Español en mucho tiempo. El Ministerio del Tiempo nos ha recordado que hay una línea muy sutil entre “Me gusta mucho” y “No-me-pierdo-ni-un-capítulo-la-devoro-comento-en-twitter-y-me-compro-el-dvd” Esa delgada línea roja no la atravesaba una serie española desde que Colón descubrió América. Al menos, conmigo. Pablo y Javier Olivares – Los hermanos Dalton, según les solía llamar Arturo Pérez Reverte – han contribuido a elevar la categoría profesional de guionista, gremio en parte olvidado o maltratado, que aún tiene que entrar o salir por la puerta de atrás, como injustamente ocurrió en las ceremonias de los Goya 2016.
A todas estas alabanzas me gustaría añadir la meticulosa, lograda y virtuosa ejecución de los guiones de principio a fin, desde la interpretación de protagonistas, vestuarios, elección y posterior puesta en escena de los actores secundarios, dirección, producción…. Es una de esas recetas que salen mejor por el amor que se le dedica en todas y cada una de sus fases. De hecho, la única crítica que yo le podría hacer es que con más medios ganaría en estética, pero eso es un factor que ya no depende tanto de ellos, porque la pela es la pela, y en España no abunda ni para comer.
Todo lo antedicho obedece a un motivo y éste no es otro que, dada la categoría del MDT, dado su carácter innovador, el protagonismo y defensa del papel de la mujer en la historia, la temática arriesgada, pero no por ello menos maravillosa que es la Historia de España, debería renovarse por una tercera, una quinta y una duodécima temporadas. En mi opinión, el MdT es un bien cultural y si la cadena pública de todos los Españoles, que representa los intereses culturales de toda la población, no se mueve EXCLUSIVAMENTE por motivos económicos o ideológicos, es un espejo en el que se reflejan múltiples perfiles de edad y preferencias, no debería abandonar o relegar al olvido al que someten shares obsoletos, un producto tan redondo como esta serie. Porque no olvidemos que es una ironía o resulta paradójico que se midan los shares de emisión en prime time por un lado, y por otro, se cuelguen los productos en la web para que el público los pueda consumir en cualquier momento, dado el carácter moderno y gratuito que se le quiere dar a este canal de TV.
Por todo lo anterior, asumo que como ministérica desde el minuto 00:15:00 del capítulo 1 de la Serie el Ministerio del Tiempo, deberíamos reflexionar sobre muchas cosas, tales como si en España sabemos manejar el talento extraordinario, si queremos preservar una RTVE que mida shares o mida calidad, y si la cultura se difunde de forma eficaz, como es el caso de un producto que, si bien trata la Historia sin fines didácticos, ha hecho más por la Historia de España que 10 clases de mi antigua EGB.
Ánimo Javier, y Gracias a los dos, a ti y a Pablo, por conseguir que vuelva a creer que los sueños se cumplen.