ALLÁ POR 1635 ……
MONOLOGO ACTUAL ¿?
ALLÁ POR 1635 ……
ALLÁ POR 1635 ……
Héroe de monopatín
Cruzaste los mares,
Emigrante
Porque España escupe
A quien no consume
Sus apariencias rancias
O vende sus sueños
Al caballero Don dinero
Héroe cotidiano
De barro
Soldado diario
De los que se entregan
Y no lo cuentan
Me duele el alma
De saber tú hazaña
Te imagino
En ese segundo
En Que te lanzaste
Blandiendo tu lanza
Sin balas
Contra el terror
La injusticia, el dolor
Ignacio, te deseo
que surques los planetas,
Los cielos, las estrellas
En tu monopatín
Cuál cometa, sin fin,
Mientras sigues vigilando
A los malos
Hasta el último rincón de mi cuerpo
Cruzaste suavemente por entero
Con tu lengua, surcando las esquinas
De mis pechos, cual volcanes de fuego;
Me arrancaste la piel con esas manos
Me fundiste con ojos abrasados
Y sucumbía mi sexo a tu sabor
Mientras blandías a ritmo acompasado
Tu placer en mi boca, enamorados
Una persona allegada, que no amiga, pero si compañero de días, de rutinas, sinsabores, desencuentros, y risas, me ha revelado que tiene cáncer, así, sin más. En ese instante, la cuenta de reproches se pone a cero, se petrifica el entorno, la habitación, la puerta, esa mesa de oficina y ese ordenador. Se te abre la boca en un acto reflejo, involuntario, debido al estupor y cuando eres consciente, te apresuras a devolver la mandíbula a su lugar habitual, como si hubieras robado, o matado o algo similar, porque no quieres contagiar el miedo que asoma descontrolado a tu rostro. En ese mismo instante, cuando todo se ha helado incluido tu gesto, notas que el aire pesa, mucho, no entra por la nariz, no quiere. Reaccionas como puedes ante la noticia inesperada y mides cada palabra. El corazón reclama tu atención palpitando acelerado en tu pecho, preparando al resto del cuerpo para iniciar la maniobra de huida, sólo que no puedes correr, no ahora. La emoción de quien te lo dice se percibe en sus ojos, en su voz, en su cuerpo y se contagia como una enfermedad vírica no descubierta ni etiquetada aún por la OMS. No sabes cómo ayudar, no sabes qué decir porque así de indefensos nos deja el cáncer, no sólo a quienes lo padecen y combaten, sino también a quienes lo presenciamos sin saber cómo responder.
No es un amigo mío, sólo somos compañeros desde hace mucho tiempo y pienso en el desaliento qué deben sentir los familiares, los verdaderos amigos. Si el momento en que me lo desveló se ha quedado congelado en ese despacho, no alcanzo a imaginar qué sintió su mujer, o sus padres. El Cáncer no es una sentencia de muerte, lo sabemos gracias a testimonios personales y avances gigantescos de la medicina, pero su efecto en la vida de las personas es comparable a un impacto en seco, repentino, brutal. El cáncer sacude como nadie los cimientos de nuestra propia existencia.
«Compañero del alma, tan temprano
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo
A las aladas almas de las rosas
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero»
Miguel Hernández – 10 Enero 1936