Publicado en Miscelánea

AL GRITO DE “ALÁ ES GRANDE”

Tras un atentado como el que se perpetró recientemente en Barcelona, surge el consabido Brainstormig o tormenta de ideas. Ante el estado de estupefacción inicial y el duelo por las víctimas de la barbarie sin razón, surge en nosotros un intento de digerir semejante locura, que nos golpea en nuestro modus vivendi, nos abofetea como un obús en la cara de la rutina. Twitter se inunda de vómitos, de ira, de rencor. Los medios de comunicación no cesan en recordarnos lo que ha ocurrido, porque tienen que llevar comida a casa, como todos. Los políticos comienzan de inmediato los protocolos asociados a eventos de estas características (corbatas y trajes negros, caras compungidas, banderas a media asta), que se repiten ya demasiado, y que, precisamente debido a esa repetición, resultan falsos, fríos y carentes de espontaneidad, si bien entiendo que son necesarios.

Esta es la realidad actual, el nuevo paradigma del S. XXI. Nos enfrentamos a la yihad, guerra Santa que pretende sembrar el caos matando fieles cristianos – o no – al grito de “Alá es Grande”, y que esconde el sueño delirante de recuperar el esplendor de los califatos de antaño. Ante esta eventualidad de volver a la Era Medieval – , no podemos cometer el error de ser ingenuos, anclarnos en nuestra seguridad y no afrontarlo. Como todos sabemos, el 11-S marcó un antes y un después, un punto de inflexión, que ha ido evolucionando, porque quienes quieren instaurar el horror, también con fines propagandísticos, no persiguen matar, en contra de lo que parece en un principio, sino infundir miedo, atacando aquello que tanto esfuerzo y Siglos nos ha costado conseguir.

Cuando enfrentamos un problema de semejantes dimensiones, veo necesario mantener la cabeza fría y marcar objetivos a corto, medio y largo plazo, remarcando el hecho de que no soy analista, ni pretendo serlo. Sé que hay expertos con muchos más conocimientos, cualificaciones y experiencia para asentar las bases y el alcance de la respuesta debida a estas situaciones. Simplemente, pretendo dar mi opinión y perspectiva como una ciudadana más.

A corto plazo, es necesario centrarse en proteger  la vida e integridad de los individuos, y para ello, reforzar, como ya se está haciendo, la presencia policial o del ejército, especialmente policías “de paisano”, en acontecimientos multitudinarios como grandes eventos deportivos, conciertos, terrazas, paseos, centros comerciales, es decir, en todos aquellos puntos o aquellas actividades en los que los ciudadanos somos “Soft targets” y bajamos la guardia porque estamos realizando actividades de ocio. Hay que favorecer una mayor colaboración de los gobiernos y de las fuerzas y cuerpos de seguridad de los distintos países, actualizando ágilmente listados de los eventuales sospechosos de radicalismo, porque ya no es suficiente con listar a aquellos que viajan a Siria y Afganistán, reciben adiestramiento y regresan a su país de domicilio. Las tácticas fanáticas se han mudado a los países de origen, se han difuminado en nuestro propio sistema, como el virus que permanece silencioso e indetectable hasta que inicia su ofensiva. El concepto de terrorista preparado ha pasado a la historia, y podemos comprobar como quienes ejecutan los atentados, insidiosamente preparados por mentes perversas, son chavales radicalizados de 17 a 22 años, que hasta antes de ayer jugaban al baloncesto o tomaban copas con vecinos de su barrio. Entre esas medidas a corto plazo, ya se están comenzando a introducir barreras u obstáculos arquitectónicos, como macetas o bolardos, que protegen enclaves estratégicos, por multitudinarios.

Como iniciativas a medio plazo, – y que seguramente ya se realizan -, podríamos incluir una movilización silenciosa pero vigilante de aquellos profesionales que están en contacto directo con minorías más castigadas, o en situación precaria, como son los trabajadores sociales, maestros y escuelas. Son ellos quienes en primera instancia, pueden detectar casos de individuos que comienzan a actuar de forma errática o aparentemente radicalizada. Entiendo que aquellos que coquetean con el yihadismo, saben cómo ocultar hábilmente ese cambio sutil y progresivo de actitud, pero en el caso de que algún síntoma pudiera detectarse, debemos estar preparados. No sé cómo se podría arbitrar esta prevención, o cómo podrían investigarse las posibles denuncias, pero sería interesante que realizáramos una reflexión en este punto. Esta medida sería conveniente hacerla extensible a todos los ciudadanos, en su calidad de arrendadores de pisos o casas, de vehículos como camiones o furgonetas, vecinos de poblaciones con alta presencia de comunidades musulmanas, entrenadores de equipos juveniles, y en general, a toda la sociedad.

A largo plazo, las medidas son más complejas, y requieren una elaboración o planificación más elevada. Entiendo que una de las constantes tanto a corto, medio, como largo plazo, sería requerir la colaboración de los musulmanes asentados en los países objeto de atentados. La repulsa, el rechazo, la colaboración de los seguidores del islam, religión que aboga por la convivencia pacífica – salvo interpretaciones minoritarias, vengativas y con afanes imperialistas – es una condición sine qua non la lucha resultará mucho más complicada. Deben y debemos darnos cuenta de que lo que planean los ideólogos de esta revolución violenta, atenta directamente contra los musulmanes de bien, que sólo aspiran a labrarse una vida mejor en otras tierras. Si observamos las reacciones que se producen tras los atentados reivindicados por el ISIS, una de las consecuencias más plausible es el crecimiento de la islamofobia, lo que puede convertirse, en 5, 10, 20 o 30 años, en un ascenso de la simpatía por la apología del terrorismo radical, e incluso en un incremento de sus ejecutores materiales, como ya viene ocurriendo. El odio a los musulmanes puede resultar, con el tiempo,  en un aumento del reclutamiento de soldados a la causa más extremista.

No querría terminar este breve, insignificante e insuficiente brainstormig personal, sin hacer un llamamiento a las mujeres musulmanas. Vosotras sois las madres, mujeres, hermanas de los hombres y mujeres que pueden marcar la diferencia. Me parece entender, como veo que ya ocurre en algunos países y sin ser una conocedora en profundidad del tema, que podéis rebelaros contra prejuicios patriarcales y familiares, que con el esfuerzo necesario, podéis llegar a puestos de responsabilidad en vuestros países, ciudades, vecindarios. Vosotras podéis, dentro del respeto y los límites de vuestras convicciones religiosas y culturales, emprender la nueva imagen de la mujer musulmana, que sabe lo que quiere, que lucha por sus derechos y que obtiene lo mejor que la vida puede ofrecerle en cada momento. Desde mi punto de vista, uno de los mayores éxitos de la sociedad moderna tal y como la concebimos en la actualidad, es el reconocimiento de los derechos de la mujer, ingrediente indispensable y motor de las generaciones futuras. Porque no hay nada, repito NADA, más valioso que la Libertad.

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